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MIKAMADO.
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IDEAS

Qué cocinar en un kamado: ideas más allá de la carne

El kamado no es solo una máquina de brasear chuletones. Pizza, pan, verduras, pescado, arroces y hasta postres salen igual de bien. Te contamos cómo y a qué temperatura.

8 min de lecturaPor ·Publicado el 4 de junio de 2026
Mesa rústica con brochetas, patatas y guarniciones a la brasa, vista cenital

Sí, en un kamado puedes cocinar muchísimo más que carne. La pizza napolitana sale con el suelo crujiente y el borde ampollado, el pan de masa madre con corteza de obrador, las verduras con un dulzor a brasa que no consigues en el horno de casa, y el pescado y el marisco se ahúman con un toque que ninguna sartén iguala. La clave es que un kamado es, en el fondo, un horno de cerámica cerrado: retiene el calor como pocos aparatos y mantiene la humedad dentro.

En esta guía repasamos seis familias de platos que llevamos años cocinando en nuestra terraza de Torrevieja, con el porqué de cada una, la temperatura y el método (directo, indirecto o ahumado) y un enlace a la receta del sitio. Incluimos una tabla de ideas por categoría para que la tengas a mano. Si compraste el kamado para asar carne y solo le das ese uso, te estás dejando media máquina sin estrenar.

Pizza y pan: el kamado como horno de leña

Aquí es donde el kamado deja en evidencia al horno de casa. Con el deflector puesto y una piedra de cordierita encima, montas un horno de suelo de piedra que retiene el calor a lo bestia: cargas la cerámica a 350-400 °C, abres la tapa para meter la pizza y el suelo apenas pierde grados. A esa temperatura una napolitana se hace en 90 segundos a 3 minutos según lo caliente que tengas la piedra (los 60-90 segundos de pizzería de verdad piden 430-485 °C), con el borde ampollado y la base seca por dentro y crujiente por fuera. El secreto es precalentar la piedra al menos 30-40 minutos para que acumule calor de verdad, no solo en la superficie.

El pan funciona por la otra virtud del kamado: la humedad. Una hogaza de masa madre dentro de una cocotte de hierro esmaltado, a 230 °C indirecto, se cuece en su propio vapor los primeros 20 minutos y sale con una corteza de obrador. La focaccia, directa sobre piedra a 250 °C, queda esponjosa y dorada. Es la familia que más convence a los escépticos.

Verduras y hortalizas: dulzor de brasa que el horno no da

Las verduras son, para nosotros, la sorpresa más grata del kamado y lo que más cocinamos en verano en la Costa Blanca, cuando el mercado revienta de pimientos, berenjenas, calabacines y espárragos. El calor seco y vivo de la brasa caramelizan los azúcares de la verdura por fuera mientras el interior se hace al vapor de su propia agua. El resultado es un dulzor concentrado y un toque ahumado que el horno eléctrico, con su calor húmedo y plano, jamás reproduce.

Van a fuego directo, sobre la rejilla, entre 200 y 230 °C. Pimientos y berenjenas enteros, hasta que la piel se arruga y se ennegrece; calabacines y espárragos en bastones, vuelta y vuelta para marcar la parrilla. Una escalivada hecha así, pelada en caliente y aliñada con buen aceite, es de lo mejor que sale de un kamado. Y aprovecha siempre el calor residual: cuando apagas tras una cocción de carne, mete unas verduras, no desperdicies esa brasa.

Pescado y marisco: del pulpo al salmón ahumado

Vivimos a un paso del Mediterráneo, así que el pescado en kamado es semana sí, semana también. El kamado lo borda por dos motivos: la cerámica difunde un calor envolvente que cuece sin resecar, y puedes jugar con el humo, algo imposible en una sartén. Un pescado entero —dorada, lubina, besugo— a fuego directo suave, 180-200 °C, sale con la piel crujiente y la carne jugosa en 15-20 minutos.

El pulpo a la gallega coge una textura extraordinaria si lo terminas marcado sobre la brasa tras la cocción previa. Las gambas y los langostinos, directos a 220 °C, se hacen en un par de minutos por lado. Y el salmón da mucho juego con humo, pero ojo con qué tipo: para nuestro salmón ahumado en frío al guajillo el pescado no se cuece, se cura y se aromatiza con humo por debajo de 30 °C, lo que exige un generador de humo frío y mantener el kamado prácticamente apagado, no las brasas vivas. Si lo que quieres es un salmón ahumado en caliente, ya cocinado, ese sí va a fuego indirecto suave, 110-120 °C con unas astillas de manzano o haya, meloso y delicadamente ahumado, pero es otra receta. No los confundas: a 110 °C el salmón se cuece, no se ahúma en frío. Para piezas finas o delicadas, una piedra de esteatita (soapstone) sobre la rejilla reparte el calor y evita que se peguen o se quemen por debajo.

Arroces, guisos y wok: el fogón que no tienes en la terraza

Aquí el kamado deja de ser horno y se convierte en fogón. Con la rejilla a fuego directo y una buena paellera encima, tienes una fuente de calor potente y muy regulable para un arroz al aire libre. La gracia es doble: la potencia de la brasa para el socarrat y, si dejas unas astillas de madera, un fondo ahumado sutil que un arroz de fogón de gas jamás tendrá. Trabaja entre 220 y 250 °C para el sofrito y la cocción.

Los guisos largos —un estofado, unas alubias, un curry— van en cocotte de hierro a fuego indirecto, 150-170 °C, donde el kamado mantiene una temperatura de horno estable durante horas con muy poco carbón. Y para salteados al wok, el kamado da una llama y una temperatura que una vitrocerámica no alcanza ni de lejos: rejilla directa, tiros abiertos, wok de hierro bien caliente y verduras o fideos en movimiento constante. Es el fogón extra que tu cocina no tiene.

Ese mismo fogón vale para los desayunos de fin de semana, que es donde más nos sorprendió: con una plancha de hierro fundido sobre la rejilla a fuego directo, 180-200 °C, haces huevos, beicon, salchichas o una tortilla francesa con el punto de la sartén y un fondo ahumado de fondo. Precalienta bien la plancha, engrásala ligeramente y trabaja como en los fogones de casa. Un brunch entero en la terraza sin encender la cocina.

Postres: fruta asada, cobbler y un toque ahumado

El postre es la categoría que más gente olvida, y es una pena, porque el kamado hace cosas que el horno no. La fruta asada es la puerta de entrada: melocotones, ciruelas o piña a fuego directo suave, 180 °C, hasta que se caramelizan y sueltan su jugo. Un par de minutos por cara, un chorrito de miel, y tienes un postre que sabe a verano. Las manzanas y peras enteras, rellenas, van mejor a indirecto, 170 °C.

El cobbler —ese postre americano de fruta y masa— es el postre estrella del kamado. Va en cocotte de hierro esmaltado a fuego indirecto, 180-190 °C, durante 35-45 minutos: la fruta burbujea abajo y la masa se dora arriba como en un horno de verdad. Si dejas el deflector con un par de astillas, coge un fondo ahumado finísimo que casa de maravilla con la canela. Tartas, crumbles, brownies en molde de hierro… todo lo que harías al horno, el kamado lo hace con un punto que no esperabas.

Tabla de ideas por categoría y por dónde empezar

Esta es la chuleta que tenemos pegada en la terraza: una idea por categoría con su método y temperatura de referencia. Son nuestros números de partida; ajusta según tu kamado, el viento y el termómetro, que mandan más que cualquier tabla.

CategoríaEjemploMétodoTemperatura
Pizza y panNapolitana sobre piedraIndirecto (piedra)350-400 °C
Pizza y panMasa madre en cocotteIndirecto230 °C
VerdurasEscalivada (pimiento, berenjena)Directo200-230 °C
PescadoDorada o lubina enteraDirecto suave180-200 °C
MariscoGambas, langostinosDirecto220 °C
Pescado ahumadoSalmón ahumado en frío (con generador)Ahumado en frío<30 °C
DesayunosHuevos y beicon a la plancha de hierroDirecto (plancha)180-200 °C
ArrocesPaella con socarratDirecto220-250 °C
GuisosEstofado en cocotteIndirecto150-170 °C
PostresCobbler de frutaIndirecto180-190 °C
PostresFruta asadaDirecto suave180 °C

Si nunca has salido de la carne, nuestro orden recomendado es: verduras (cero riesgo, aprovechas brasa), pizza (efecto wow inmediato), pescado entre semana y, cuando le cojas el punto, pan y postres. En un fin de semana de práctica habrás duplicado el repertorio de tu kamado.

Nuestro consejo después de años cocinando en kamado: empieza por la pizza y por las verduras. Son las dos cosas que más sorprenden a quien solo lo veía como una barbacoa, y las que enganchan. La pizza porque la piedra y el calor retenido dan un resultado de pizzería; las verduras porque un pimiento o un calabacín a la brasa, bien hechos, valen tanto como el chuletón.

A partir de ahí, el kamado se convierte en el horno y el fogón de exterior de casa: pan los domingos, pescado entre semana, un arroz para los invitados, una fruta asada de postre. La inversión en el deflector y una buena piedra de pizza se amortiza en un mes de uso variado. No tengas el kamado guardado para las ocasiones de carne; úsalo como lo que es, una cocina completa al aire libre.

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PROFUNDIZA

Preguntas frecuentes

  • ¿Necesito el deflector para cocinar algo que no sea carne?

    Para muchas cosas, sí, y es la pieza que más rentabiliza el kamado. El deflector convierte la brasa directa en calor indirecto tipo horno, imprescindible para pan, guisos, cobbler y salmón ahumado. Para la pizza también lo usas, con la piedra encima. Verduras, gambas o pescado entero a fuego directo no lo necesitan. Si solo compras un accesorio extra, que sea el deflector.

  • ¿Sirve la misma piedra para pizza y para pan?

    Sí, una buena piedra de cordierita vale para ambos, aunque cambia el uso. Para pizza la pones sobre el deflector y la cargas a 350-400 °C; para pan, puedes hornear directamente sobre ella a 230 °C, aunque nosotros preferimos la cocotte de hierro porque atrapa el vapor y da mejor corteza. Evita las piedras finas de cerámica barata: se agrietan con el choque térmico del kamado.

  • ¿Cómo evito que el pescado se pegue a la rejilla?

    Tres reglas que nos funcionan: rejilla bien caliente antes de poner el pescado, la piel untada con un poco de aceite, y no lo toques hasta que se despegue solo (si tiras antes, rompes la piel). Para piezas finas o delicadas, una piedra de esteatita o una plancha de hierro reparten el calor y evitan el problema de raíz. Una vuelta por lado basta.

  • ¿Puedo hacer postres sin que sepan a humo o a carne?

    Sí, sin problema. El humo de carne se queda en las grasas y los jugos, no en la cerámica, así que un postre no arrastra ese sabor si el kamado está limpio. Para postres delicados, cocina a fuego indirecto con el deflector y sin añadir astillas: tendrás un calor de horno neutro. Si quieres un toque ahumado deliberado, como en un cobbler con canela, añades una o dos astillas suaves.

  • ¿Por dónde empiezo si solo he asado carne hasta ahora?

    Por las verduras y la pizza. Las verduras son cero riesgo: aprovechas el calor residual de una cocción de carne, las pones a fuego directo y aprendes a leer la brasa sin jugarte una pieza cara. La pizza es el siguiente paso porque el efecto wow es inmediato y te engancha. Con esas dos dominadas, el pescado y el pan llegan solos.