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MIKAMADO.
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TÉCNICA

Cómo hacer pizza en un kamado: piedra, temperatura y masa

La guía definitiva para hornear pizza en un kamado: montaje del deflector y la piedra, precalentado, temperatura de cúpula frente a la de la piedra, lanzado con pala y la masa que aguanta el calor.

10 min de lecturaPor ·Publicado el 15 de junio de 2026

Respuesta rápida

Para hacer pizza en un kamado, monta el deflector y una piedra refractaria encima, y estabiliza la cúpula en 350-400 °C, el techo real de un kamado. Precalienta la piedra 30-40 minutos hasta que la base no se queme. Lanza la pizza con la pala y hornéala 4-7 minutos girándola a media cocción.

Pizza horneándose sobre la piedra de un horno de cúpula con llamas vivas al fondo y una pala de madera

Un kamado hace una pizza estupenda, pero hay que entender qué es y qué no es. No es un horno napolitano: un Ooni o un horno de leña pasan de 450 °C y cuecen una napoletana en 60-90 segundos; un kamado cerámico topa, siendo honestos, en 350-400 °C. La buena noticia es que ese techo basta de sobra para una pizza excelente —corteza inflada, base crujiente, queso fundido sin quemar— si montas bien el equipo y le das a la piedra el tiempo de precalentado que necesita.

Esta es la página madre de nuestras recetas de pizza, desde la napoletana y la margherita hasta la romana al taglio y el calzone. Aquí está la técnica que comparten todas: deflector más piedra, la diferencia entre la temperatura de la cúpula y la de la piedra, cómo lanzar y girar con la pala, y la hidratación y el fermentado en frío de una masa que aguanta el calor del kamado sin quemarse por debajo.

Estilos de pizza en kamado: temperatura de cúpula, de piedra, tiempo e hidratación de la masa
EstiloTemp. cúpulaTemp. piedraTiempoHidratación
Napoletana380-400 °C (el techo)350-380 °C5-7 min62-65 %
Romana al taglio300-330 °C280-300 °C12-18 min75-80 %
Barbacoa americana260-300 °C240-270 °C10-14 min60-63 %
Al gusto / media (margherita, diavola)320-360 °C300-340 °C7-10 min62-65 %

El kamado no es un horno napolitano: temperaturas honestas

Empecemos por lo que más confusión genera, porque marca todo lo demás. La pizza napoletana auténtica se cuece en un horno de leña a 430-480 °C en 60-90 segundos: ese calor brutal infla el cornicione y le da el moteado tostado (el *leopardado*) antes de que la base se reseque. Un kamado cerámico, por bueno que sea, topa en 350-400 °C de cúpula con la tapa cerrada. Es física: la cerámica y las válvulas no dan más sin forzar el equipo, y quien te prometa 500 °C en un kamado o exagera o está cociendo sin tapa, lo que es otra cosa.

Somos honestos con esto porque también vendemos hornos de pizza dedicados: si tu único objetivo es la napoletana de competición, un Ooni o un horno de leña es la herramienta correcta, no el kamado. Pero esa no es la pregunta de la mayoría. La mayoría tiene un kamado, lo usa para ahumar y asar, y quiere hacer pizzas estupendas el fin de semana sin comprar un segundo aparato. Y para eso, 380 °C son más que suficientes.

La clave es ajustar las expectativas y el estilo a la temperatura real. A 380 °C no buscas la napoletana de 70 segundos; buscas una pizza de 4-7 minutos con corteza crujiente, miga aireada y un dorado bonito. Es, de hecho, más fácil de bordar que la napoletana extrema, porque tienes margen: unos segundos de más no te la queman al instante. El kamado, además, aporta algo que el horno de cocina no tiene —un fondo levísimo de leña— que en una barbacoa americana o una pizza de verduras asadas suma de verdad.

El montaje: deflector, piedra y por qué van en ese orden

Para hacer pizza necesitas calor indirecto —si la base de la pizza ve la brasa directa, se carboniza en segundos mientras la cara de arriba sigue cruda—. Eso se consigue con el deflector (el conveGGtor en un Big Green Egg, plate setter o piedra de media luna en otras marcas), que corta la radiación directa de la brasa y convierte el kamado en un horno de convección. Sin deflector no hay pizza que valga: hay un disco quemado por abajo.

Encima del deflector va la piedra refractaria (de cordierita es lo ideal por su resistencia al choque térmico) o una plancha de acero. El orden importa y la separación también: deflector primero, luego unos separadores o la propia rejilla, y la piedra arriba. Si pones la piedra pegada al deflector sin cámara de aire, recibe demasiado calor por conducción y te quema la base; si la subes a la altura de la rejilla principal, queda más cerca de la cúpula y cuece más equilibrada. En la práctica, piedra a la altura de la rejilla o ligeramente por encima es la posición que mejor reparte cúpula y base.

¿Piedra o acero? La piedra de cordierita acumula mucho calor y lo cede de forma progresiva: perdona más, da una base crujiente clásica y es lo más versátil para empezar. El acero conduce el calor más rápido y agresivo, ideal si quieres más empuje en la base a temperaturas medias, pero castiga el error: con el acero muy caliente te quemas la base antes. Para la mayoría, una buena piedra de cordierita de 38 cm es la compra correcta. Sea cual sea, el principio no cambia: la piedra cuece la base, la cúpula cuece la cara de arriba, y tu trabajo es que las dos lleguen a punto a la vez.

Precalentar la piedra: el paso que casi todos se saltan

Aquí está el error número uno de la pizza en kamado, y la causa del 90 % de las bases pálidas o, peor, quemadas: no darle a la piedra el tiempo de precalentado que necesita. La cámara del kamado llega a 380 °C en 15-20 minutos, pero la piedra es maciza y tarda mucho más en saturarse de calor. Si lanzas la pizza cuando el aire marca 380 °C pero la piedra está fría por dentro, la base se queda pálida y gomosa mientras la cara de arriba ya está hecha.

La regla es sencilla: una vez la cámara esté estable en temperatura, deja la piedra precalentándose 30-40 minutos antes de la primera pizza. No es opcional ni es exagerado: una piedra de cordierita de un par de centímetros necesita ese tiempo para llegar a su núcleo. La forma fiable de comprobarlo no es el termómetro de la tapa —que mide el aire de la cúpula, no la piedra— sino un termómetro infrarrojo apuntado a la superficie de la piedra. Cuando marque entre 330 y 380 °C según el estilo, está lista.

Un matiz importante para tandas de varias pizzas: la piedra pierde calor cada vez que lanzas una pizza fría encima y cada vez que abres la tapa. Por eso la segunda pizza a veces sale mejor que la primera (la piedra ya está perfectamente saturada) pero la cuarta o la quinta pueden salir pálidas si no dejas que recupere. Entre pizza y pizza, cierra la tapa 3-5 minutos para que la piedra y la cúpula vuelvan a su sitio. Si haces muchas seguidas, sube un punto la temperatura objetivo para tener margen.

Cúpula vs piedra: las dos temperaturas que tienes que cuadrar

Esta es la idea que separa una pizza correcta de una pizza redonda. En un kamado coexisten dos temperaturas distintas y tú las gobiernas por separado. La temperatura de la cúpula (la que marca, más o menos, el termómetro de la tapa) cuece la cara de arriba: funde el queso, dora el borde, hace ampollas. La temperatura de la piedra cuece la base por conducción. Si no van acompasadas, fracasa la pizza: base quemada y queso sin fundir, o base pálida y borde requemado.

La cúpula la subes con la brasa y las válvulas: más carbón encendido y válvulas más abiertas, más temperatura de aire. La piedra la subes con tiempo de precalentado y bajándola un poco si quieres menos conducción. El truco de oro cuando la base se te quema pero arriba va lento: baja la temperatura de la piedra (más tiempo de reposo entre pizzas, o sube la piedra para alejarla del deflector) y sube la de la cúpula abriendo válvulas, para que el borde se dore antes. Y al revés: si el borde se quema pero la base sale pálida, necesitas más piedra y menos cúpula.

Como referencia honesta para un kamado: para una pizza media de 4-7 minutos, busca cúpula a 350-400 °C y piedra a 330-380 °C, con la piedra unos grados por debajo de la cúpula para que el queso burbujee a la vez que la base cruje. Para estilos más gruesos como la romana al taglio, baja todo a 300-330 °C y alarga el horneado a 12-18 minutos: una masa alta a 400 °C se quema por fuera antes de cocer el interior. La tabla de arriba resume el rango para cada estilo. Si quieres profundizar en gobernar el kamado por válvulas, la guía de control de temperatura lo desarrolla.

Lanzar y girar con la pala sin destrozar la pizza

Tienes la piedra a punto y la masa estirada: ahora hay que meter la pizza dentro sin que se te pegue a la pala ni se descuelgue. El gesto se llama lanzado (*launch*), y se aprende en dos o tres intentos. La clave previa es la harina o sémola bajo la masa: monta la pizza ya estirada sobre la pala bien enharinada con sémola de trigo duro (resbala mejor que la harina fina y no se quema tanto), comprueba que la masa se desliza dando un golpecito a la pala antes de añadir la salsa, y trabaja rápido: cuanto más tiempo pasa la masa cruda sobre la pala, más se humedece y se pega.

Para lanzar: apoya la punta de la pala en el borde de la piedra con una inclinación de unos 20°, y con un movimiento seco hacia atrás retira la pala mientras la pizza se queda en la piedra. Es un tirón decidido, no un empujón dubitativo. Una pala fina de aluminio o de madera ayuda muchísimo aquí; la pala perforada además deja caer el exceso de harina y mantiene la base limpia. Si la pizza se arruga al lanzar, casi siempre es porque la masa estaba demasiado fina o llevaba demasiado tiempo sobre la pala.

Una vez dentro, girar es obligatorio. En un kamado el calor nunca es perfectamente uniforme: la zona más cercana a la cúpula y a la abertura de las válvulas se dora antes. A los 2-3 minutos, cuando la base ya ha cuajado y la pizza desliza, métela media vuelta (180°) con la pala —o con una pala turning más pequeña y redonda si haces muchas— para igualar el dorado. Una pizza sin girar en un kamado sale con un lado perfecto y el opuesto pálido. Gira una vez, espera el dorado parejo del borde y sácala: total, 4-7 minutos para una pizza media.

La masa que aguanta el kamado: hidratación y fermentado en frío

La técnica de horneado es la mitad; la masa es la otra mitad, y es donde una pizza de kamado pasa de correcta a memorable. Para los 350-400 °C de un kamado, la hidratación de referencia es 62-65 % (gramos de agua por cada 100 de harina): suficiente para una miga aireada y un borde que se infla, sin pasarse a una masa tan húmeda que sea ingobernable sobre la pala. Para una romana al taglio en bandeja subes a 75-80 %, porque allí no la lanzas con pala y buscas alvéolos grandes; para una base fina y crujiente de diario, 60-63 % va sobrado.

La harina importa tanto como el agua. Usa una harina de fuerza, tipo "00" o W300-340, con proteína suficiente para desarrollar el gluten que aguanta el estirado y el calor. Y el secreto que más cambia el resultado: fermentado en frío de 24 a 72 horas en la nevera. Esa fermentación larga y fría desarrolla sabor, hace la masa más digestible y, sobre todo, le da fuerza y extensibilidad para estirarse fina sin romperse y para inflarse de golpe con el calor del kamado. Una masa de 2 horas a temperatura ambiente nunca sabrá ni se comportará como una de 48 horas en frío.

Dos detalles finales que marcan diferencia. Primero, saca la masa de la nevera 1-2 horas antes de hornear y déjala atemperar: una bola fría se estira mal y se cuece desigual sobre la piedra caliente. Segundo, estira con las manos, nunca con rodillo: el rodillo aplasta el gas que da el borde inflado y te deja una pizza plana y dura. Para verlo aplicado paso a paso, nuestra receta de pizza a la pala con masa madre lleva esta masa a su versión más artesana, y la napoletana explica el bollado y el estirado napolitano clásico.

Hacer pizza en un kamado es, en el fondo, gestionar dos temperaturas a la vez: la de la cúpula, que cuece la cara superior y funde el queso, y la de la piedra, que cuece la base. Montas el deflector con la piedra encima, estabilizas la cámara en 350-400 °C, le das a la piedra 30-40 minutos de precalentado y horneas en 4-7 minutos girando a media cocción. Eso es el 90 % del resultado.

Y conviene repetir la parte honesta: un kamado no es un horno napolitano de 480 °C, así que no esperes el leoparded perfecto en 70 segundos. Pero a 380 °C, con la piedra bien caliente y una masa de 65 % de hidratación fermentada en frío 24-72 horas, sale una pizza que se come cualquiera. Cuando domines la técnica base, abre cualquiera de nuestras recetas —napoletana, diavola, masa madre a la pala— y verás que todas cuelgan de estos mismos cuatro gestos.

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PROFUNDIZA

Preguntas frecuentes

  • ¿A qué temperatura se hace la pizza en un kamado?

    En la cúpula, entre 350 y 400 °C, que es el techo realista de un kamado cerámico con la tapa cerrada. La piedra, medida con un termómetro infrarrojo, conviene tenerla entre 330 y 380 °C según el estilo, unos grados por debajo de la cúpula para que el queso burbujee a la vez que la base cruje. A 380 °C una pizza media tarda 4-7 minutos. No esperes los 480 °C de un horno napolitano: el kamado no llega, y forzarlo solo desperdicia carbón. Para estilos gruesos como la romana al taglio, baja a 300-330 °C y alarga el horneado.

  • ¿Piedra o acero para la pizza en kamado?

    Para empezar, piedra de cordierita. Acumula mucho calor y lo cede de forma progresiva, perdona más los errores de tiempo y da la base crujiente clásica; es la opción más versátil y la que recomendamos por defecto. El acero conduce el calor más rápido y agresivo, empuja más la base a temperaturas medias y es excelente para quien ya domina la técnica, pero castiga el descuido: con el acero muy caliente te quemas la base antes de darte cuenta. Sea cual sea, va sobre el deflector con una cámara de aire, nunca pegado a la brasa. Una buena piedra de 38 cm cubre el 95 % de los casos.

  • ¿Por qué se me quema la base de la pizza?

    Casi siempre por una de tres razones. Una, la piedra demasiado caliente respecto a la cúpula: baja su temperatura subiéndola un poco para alejarla del deflector o dejando reposar más entre pizzas, y sube la cúpula abriendo válvulas para compensar. Dos, la piedra pegada al deflector sin cámara de aire, que la calienta por conducción brutal; deja siempre una separación. Tres, demasiada harina fina bajo la masa, que se carboniza: usa sémola de trigo duro, que aguanta más y resbala mejor. Si la base se quema pero arriba va lento, el problema es siempre el desequilibrio piedra-cúpula: menos piedra, más cúpula.

  • ¿Necesito un horno de pizza si tengo kamado?

    Depende de lo exigente que seas con la napoletana. Para pizzas estupendas de fin de semana —margherita, diavola, barbacoa, verduras— el kamado va de sobra y no necesitas nada más: deflector, piedra y técnica. Donde el kamado no llega es a la napoletana de competición, que pide 450-480 °C y 60-90 segundos para inflar el cornicione con el leopardado clásico; eso solo lo da un horno de leña o un Ooni. Somos honestos porque también vendemos esos hornos: si la napoletana extrema es tu obsesión, cómprate un horno dedicado. Si no, el kamado que ya tienes hace pizzas que encantan a cualquiera.

  • ¿Cuánto tarda en precalentarse la piedra?

    Unos 30-40 minutos una vez la cámara esté estable en temperatura, no antes. La cámara llega a 380 °C en 15-20 minutos, pero la piedra es maciza y tarda mucho más en saturarse de calor hasta el núcleo. Si lanzas la pizza cuando el aire ya marca temperatura pero la piedra está fría por dentro, la base sale pálida y gomosa. Compruébalo con un termómetro infrarrojo apuntado a la superficie de la piedra, no con el termómetro de la tapa, que mide el aire de la cúpula. Y recuerda que cada pizza fría y cada apertura de tapa le roban calor: deja recuperar 3-5 minutos entre pizzas.

  • ¿Qué hidratación debe tener la masa para el kamado?

    Para los 350-400 °C de un kamado, 62-65 % de hidratación es el punto de referencia: miga aireada, borde que se infla y una masa todavía gobernable sobre la pala. Para una romana al taglio en bandeja sube a 75-80 %, porque no la lanzas con pala y buscas alvéolos grandes; para una base fina y crujiente de diario, 60-63 % va perfecto. Más importante aún que la cifra exacta es el fermentado en frío de 24-72 horas en la nevera y una harina de fuerza tipo "00" o W300-340: esa combinación da sabor, digestibilidad y la fuerza necesaria para estirar fino y que la masa se infle de golpe con el calor.