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MIKAMADO.
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TÉCNICA

Cómo mantener y limpiar un kamado de cerámica

La cerámica casi se limpia sola: burn-off, rejillas, juntas y óxido, contado sin productos milagro ni química innecesaria.

8 min de lecturaPor ·Publicado el 3 de junio de 2026
Cámara de cerámica de un kamado tras una sesión de cocción

El mayor secreto del mantenimiento de un kamado es que apenas existe. Si vienes de una barbacoa de gas o de una Weber de toda la vida, vas a tener que desaprender la rutina del estropajo, el desengrasante y el cubo de agua jabonosa. Aquí casi todo eso sobra, y usarlo de más es el camino más rápido para estropear lo único delicado que tiene el aparato: el fieltro de la junta.\n\nEn mikamado llevamos años cocinando en cerámica y limpiándola lo mínimo imprescindible, y la conclusión es siempre la misma. Un kamado bien usado pide tres cosas al año: un par de burn-offs a alta temperatura, vaciar la ceniza cuando toca y revisar la junta una vez por temporada. El resto son mitos heredados de las parrillas de gas.\n\nEsta guía va al grano: por qué la cerámica no necesita química, cómo hacer un burn-off bien hecho, cómo y cada cuánto tocar rejillas y deflector, cuándo cambiar la junta de fieltro y cómo proteger las partes metálicas del óxido si vives en la costa del Levante, donde el salitre lo complica todo un poco.

¿Hay que limpiar un kamado con productos químicos?

No, y conviene insistir en ello porque es el error que más cerámica arruina. La pared interior de un kamado trabaja entre 100 °C y 400 °C de forma habitual; a esas temperaturas, la grasa y los restos orgánicos se carbonizan y se convierten en ceniza inerte. Esa capa oscura que cubre el interior no es suciedad: es carbón, está esterilizado por el propio calor y de hecho ayuda a sellar los microporos de la cerámica. Frotarla con estropajo es trabajar para empeorar el aparato.

El desengrasante de cocina, el jabón y los limpiahornos cáusticos están directamente prohibidos en el interior. La cerámica refractaria es porosa y absorbe lo que le eches; un limpiahornos puede quedarse impregnado durante semanas y soltar sabor y olor químico en la siguiente cocción. Agua jabonosa abundante tampoco: si el cuerpo se empapa por dentro y luego subes de golpe a 250 °C, el vapor atrapado puede provocar microfisuras o, en el peor caso, un thermal shock. La cerámica seca y caliente es feliz; la cerámica empapada y fría no.

Nuestra norma en mikamado es simple: por dentro, nada de productos. Para las pocas tareas con química que sí tienen sentido —limpiar una rejilla muy incrustada o desengrasar una mesa lateral de acero— usamos algo biodegradable y específico de barbacoa, del tipo del Weber Limpiador de Parrillas 300 ml, y siempre fuera del cuerpo cerámico. Si has cocinado pescado muy graso y ha quedado olor, la solución no es jabón: es un burn-off, que es justo lo que vemos a continuación.

¿Qué es el burn-off y cómo se hace una limpieza pirolítica?

El burn-off es el método de limpieza nativo del kamado: subir el aparato a alta temperatura para que la pirólisis convierta toda la grasa acumulada en ceniza que luego se cae sola. Es exactamente el mismo principio que la función autolimpieza pirolítica de un horno doméstico, solo que aquí lo haces con carbón y aire en lugar de resistencias. Es gratis, no usa química y deja el interior y las rejillas como nuevos.

La receta que usamos: enciende el kamado como para cocinar, abre la válvula inferior y la chimenea de par en par, y deja que suba hasta 280-320 °C. Mantén esa temperatura de 20 a 30 minutos con la tapa cerrada. Verás cómo la costra de grasa de las rejillas y de la cúpula se vuelve gris y quebradiza; eso es señal de que ha terminado. No hace falta llegar a 400 °C ni dejarlo una hora: pasas de limpiar a desgastar la junta y el carbón sin necesidad. Lo hacemos cada 8-10 cocciones, o siempre tras un pescado graso, una cocción muy larga o antes de pasar a hornear pizza o pan, donde no quieres sabores residuales.

Dos avisos importantes. Primero: nunca abras la tapa de golpe a 300 °C con la cámara llena de oxígeno; haz el burping —abrir la tapa un par de dedos, esperar dos segundos y luego abrir— para evitar el flashback, esa llamarada que te chamusca cejas y antebrazos. Segundo: el burn-off castiga la junta de fieltro, así que no lo conviertas en rutina semanal. Cuando se enfríe del todo, pasa un cepillo en seco por las rejillas y abre la válvula inferior para que caiga la ceniza al cajón. Hecho.

¿Cómo y cada cuánto limpiar las rejillas y el deflector del kamado?

Las rejillas se limpian en caliente y en seco, no en frío y con agua. El momento ideal es justo cuando el kamado está todavía a 150-200 °C tras cocinar, o al final de un burn-off: pasas un cepillo y la costra salta sola. Para acero inoxidable nos vale un cepillo de cerdas de acero, pero si tienes rejillas de hierro fundido —como la Big Green Egg Parrilla de Hierro Fundido o las medias lunas de Kamado Joe— mejor un cepillo sin metal, tipo Char-Broil 360 Cool-Clean todo-nylon, para no arrancar la capa de seasoning que las protege del óxido. El hierro fundido se limpia, se seca y se le da una fina capa de aceite; jamás se deja mojado.

Nada de lavavajillas para las rejillas de hierro: el detergente y el ciclo de secado les quitan el curado y aparecen puntos de óxido en 48 horas, sobre todo en la costa. Si una rejilla de acero se ha incrustado de verdad tras meses sin atención, ahí sí tiene sentido sacarla del kamado, dejarla a remojo en agua caliente con un poco de Weber Limpiador biodegradable y frotar con una esponja doble cara —pero esto es la excepción, no la norma semanal.

El deflector de cerámica —el ConvEGGtor de Big Green Egg, el plate setter, las medias lunas tipo BBQ Future o Vankey— prácticamente no se limpia. La grasa que gotea se carboniza con el calor de la siguiente cocción, así que basta con voltearlo: cocina una vez con la cara A hacia arriba y la siguiente con la cara B, y la propia brasa quema los restos. No lo metas bajo el grifo ni lo frotes: la cordierita es porosa y, si la empapas y luego la calientas, puede agrietarse por choque térmico igual que el cuerpo. Cuando esté tan negro que te dé reparo, un burn-off lo deja gris ceniza otra vez.

¿Cuándo hay que cambiar la junta de fieltro (felt gasket) del kamado?

La junta —ese cordón de fieltro de fibra de vidrio que sella tapa y base— es la única pieza de desgaste real del kamado y la más maltratada por el uso normal. Su función es que la cúpula cierre estanca: si está intacta, controlas la temperatura solo con las válvulas y el aparato mantiene 110 °C durante doce horas sin moverse. Cuando se aplasta o se quema, entra aire por la junta, pierdes el control fino del oxígeno y de repente no consigues bajar de 180 °C aunque cierres todo.

La prueba para saber si toca cambiarla es el test del billete: cierra la tapa con un papel a medio meter entre cúpula y base, y tira. Si sale sin apenas resistencia en varios puntos del perímetro, la junta ya no sella. Otras señales claras: el fieltro está negro y carbonizado, se desmiga al tocarlo, ha perdido grosor, o la tapa hace metal contra metal al cerrar. En uso normal una junta original dura entre 2 y 4 años; los burn-offs frecuentes a más de 300 °C la acortan, y cocinar muchas pizzas a 350-400 °C la quema antes.

Cambiarla es un trabajo de sobremesa de 30-40 minutos: con el kamado frío, arrancas el fieltro viejo, retiras los restos de adhesivo con una espátula y un poco de alcohol, pegas la junta nueva con su adhesivo de alta temperatura y dejas curar 24 horas antes de encender. Hay kits universales como el BBQ Future kit junta malla fibra de vidrio que valen para casi cualquier marca, y juntas específicas de fábrica para Kamado Joe o Big Green Egg si prefieres ajuste exacto. Las versiones modernas de fibra de vidrio aguantan bastante más que el fieltro de lana de las primeras generaciones, así que si tu kamado tiene años, el repuesto nuevo probablemente dure más que el original.

¿Cómo evitar el óxido y guardar el kamado en invierno en la costa?

La cerámica es indestructible a la intemperie, pero el kamado no es solo cerámica: tiene bandas metálicas, bisagra, muelle de la tapa, herrajes de las válvulas, el cajón de la ceniza y, a menudo, un carrito de acero. Esas son las partes que oxidan, y en el Levante —Torrevieja, Costa Blanca, todo el litoral— el salitre acelera el proceso. Aquí el aire lleva cloruro sódico en suspensión y un herraje que en el interior peninsular aguantaría años, en la costa empieza a picarse en una temporada si no lo cuidas.

La rutina anti-óxido es de cinco minutos. Tras cocinar y cuando el aparato esté frío, vacía siempre la ceniza: la ceniza húmeda es higroscópica y ácida, atrae humedad del aire marino y se come el cajón y la rejilla de fondo desde dentro. Usa un rastrillo o paleta de cenizas de acero inoxidable —el Grilliance rastrillo paleta de cenizas o un Weber Rastrillo para Carbón— y no la dejes nunca en el cuerpo de un mes para otro. Una vez por temporada, repasa la bisagra y el muelle con un poco de grasa de litio o aceite ligero, y seca a mano cualquier banda metálica que veas con la pintura saltada. Si aparece un punto de óxido superficial, lana de acero fina y una gota de aceite lo paran en seco.

El invierno en la costa del Levante es suave —rara vez bajamos de 0 °C— así que el kamado se queda fuera todo el año sin problema; la cerámica no sufre con heladas ligeras. Lo que sí es innegociable es la funda: una buena funda transpirable como la Kamado Joe Funda Oficial, la Onlyfire Universal 76 cm o la Coverstore Premium mantiene el agua fuera de los herrajes y, lo más importante, deja respirar para que no se condense humedad debajo. Ponla siempre con el kamado frío y seco, nunca sobre cerámica caliente o mojada. Si guardas el aparato meses sin usarlo, mete dentro el termómetro analógico de tapa y deja la válvula inferior entreabierta para que circule aire y no se encierre humedad. Con eso, un kamado en primera línea de playa llega a los veinte años igual de bien que uno tierra adentro.

Resumiendo: la cerámica no se limpia, se quema; las rejillas se cepillan en seco; el deflector se voltea y se olvida; la junta se cambia una vez cada un par de años y los metales se secan y se cubren. Hacer menos, y hacerlo bien, es exactamente lo que alarga la vida del kamado a veinte años. Si todavía estás decidiendo qué modelo comprar o dudas entre dos tamaños, pásate por nuestro comparador de kamados y por la calculadora de presupuesto para acertar a la primera; el mejor mantenimiento empieza por elegir bien una cerámica que dure.

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PROFUNDIZA

Preguntas frecuentes

  • ¿Cada cuánto hay que limpiar un kamado de cerámica?

    Muy poco. Cepilla las rejillas en seco y en caliente tras cada uso, y vacía la ceniza cada 3-5 cocciones. El interior cerámico solo necesita un burn-off a 280-320 °C cada 8-10 cocciones o tras pescado graso. La junta se revisa una vez por temporada. Nunca uses jabón ni desengrasante dentro.

  • ¿Puedo lavar el interior de un kamado con agua y jabón?

    No. La cerámica refractaria es porosa y absorbe el jabón, que luego suelta sabor químico al cocinar. Empaparla de agua también arriesga microfisuras o choque térmico al calentarla. La capa negra del interior es carbón esterilizado, no suciedad: se limpia con calor (un burn-off), nunca con química ni estropajo.

  • ¿Cómo se hace un burn-off en un kamado?

    Enciende el kamado, abre del todo la válvula inferior y la chimenea y sube a 280-320 °C. Mantén 20-30 minutos con la tapa cerrada: la grasa se carboniza en ceniza gris que cae sola. Abre siempre la tapa con burping para evitar el flashback. Hazlo cada 8-10 cocciones, no más, porque desgasta la junta.

  • ¿Cuándo hay que cambiar la junta de fieltro del kamado?

    Cuando ya no sella: haz el test del billete: si un papel sale sin resistencia entre cúpula y base, toca cambiarla. También si el fieltro está carbonizado, se desmiga o no consigues bajar de 180 °C con todo cerrado. En uso normal dura 2-4 años. Hay kits universales de fibra de vidrio que valen para casi cualquier marca.

  • ¿Cómo protejo del óxido un kamado en la costa del Levante?

    El salitre ataca solo las partes metálicas, no la cerámica. Vacía siempre la ceniza fría (es ácida e higroscópica), lubrica bisagra y muelle una vez por temporada y seca cualquier herraje con pintura saltada. Usa siempre una funda transpirable sobre el kamado frío y seco. El invierno costero es suave, así que puede quedarse fuera todo el año.